martes, 8 de diciembre de 2009

Ordeñando olivos



Como cada año, llega el tiempo de la recolección de la oliva y allí estamos, aunando esfuerzos para recoger cuanto antes el preciado fruto, del que luego disfrutaremos su aceite.


Foto de la rama de un olivo cuajadito de olivas arbequinas

Este año iba más adelantada la maduración, como resultado de los calores inusuales durante este otoño. ¡Uno de los más cálidos que he conocido!.

La familia se ha unido para ir ordeñando uno tras otro los olivos, que por cierto, estaban extrañamente cuajados de olivas y digo lo de extraño, porque el verano ha sido muy seco y cálido ¿de dónde sacarán tantos arrestos éstas plantas? ¡Que capacidad de adaptación!

















En plena recolección Foto de la parada de repostaje de fuerzas
La cogida ha sido buena y lo mejor del día viene cuando finalizada la tarde, cuando ya no puedes ni con el pelo, se acerca la hora feliz: La comida – merienda – cena (todo a una).
A esas horas de la tarde y tras el esfuerzo realizado, uno puede comerse hasta las piedras, pero el caso es que en la casa del pueblo nos espera el fuego, con sus gruesos troncos convertidos en una preciosa brasa.
Las brasas nos esperan impacientes, brindando su calor para templarnos el cuerpo y asar los manjares del día.

Allí van a parar las costillas, la longaniza, el chorizo, las alcachofas, las tostadas de pan, la morcilla…..y mientras la carne se dora en el fuego, se va preparando el resto: unos arrean con la ensalada, otras con la salsa de ali-oli, otros a colocar la mesa y ya está: ¡Todos a comer!

El duro día ha merecido la pena, llega luego el café y la tertulia que se extenderá hasta las mil, contando todo tipo de historias, chistes, anécdotas, como te va la vida y el ganador de la apuesta de los kilos que íbamos a coger...

Lo mejor de todo es que ya se ha terminado, pero sinceramente espero que por mis suegros ya mayores, sigamos en años próximos quedando para hacer unas risas y olvidarnos de las olivas, pues hay momentos en la vida en los que es necesario saber decir basta y no tentar al diablo. Con lo mucho que los quiero y porque les deseo lo mejor, espero que éste sea el último año que los encuentro cogiendo olivas y trabajando como bestias, que para eso ya están los bueyes.

¡...Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España...!(M. Hernández)

No hay comentarios: