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lunes, 11 de mayo de 2009

Plantas medicinales en el jardín


Son muchas las plantas que ofrecen remedios paliativos y curativos, desde hace muchos miles de años el hombre viene utilizando distintas partes de la planta para tratar determinadas patologías. Los primeros escritos se remontan al tiempo de los sumerios o los egipcios, con Imotep. La mayor parte de los actuales medicamentos se basan en formulaciones extraídas de sustancias producidas por las plantas, sólo hay que pensar en la famosa aspirina (ácido acetil-salicílico), producto de síntesis derivado de la corteza del sauce.
Foto pepenosela de lavanda y romero.
En nuestro jardín podemos tener una buena colección de plantas medicinales, desde las aromáticas más comunes como la melisa, la menta, el romero, el tomillo, la lavanda (principalmente valiosas para afecciones broncorespiratorias, otras como digestivas o antiespasmódicas) o salvias de cuyas virtudes en la Escuela de Salerno se llegó a decir:”Cur moriatur homo cui salvia crescit in horto? (¿cómo va a morir un hombre que tiene salvia en su huerto?), hasta pasar a plantas medicinales de alto poder tóxico o venenoso de algunas partes de la planta o de su integridad como la Adelfa, la Datura stramonium, Amarillis, Melias, Espuelas de caballero, Don diego de Noche, el Durillo, Boneteros, Acebos, Hiedras, Digitaria…..
Foto de fruto de euonimo o bonetero.

No es recomendable utilizar plantas de las cuales desconocemos sus efectos, hay demasiada palabrería y escaso control de las hierbas que podemos encontrar en mercadillos o recoger por nuestros propios medios, sin siquiera saber si la planta que recolectamos es la especie que deseamos y si sus virtudes son las que en cualquier lado pueden encontrarse.
Todo esto para decir que hay que ser muy cautos en el uso de éstas plantas y que muchos se han llevado algún que otro disgusto por ignorancia o exceso de credulidad en la búsqueda de hierbas milagreras. En mi caso, me encanta el té con los brotes de menta del jardín, que además de ser un buen digestivo le da un sabor único, o utilizar los gargarismos de cocción de tomillo para llagas en la boca o ligeros catarros, o el agua de romero para evitar la caída de pelo en las mujeres. (porque el mío ya tiene poco remedio), pero si reforzarlo con hojas y flores crudas de capuchina mezcladas en la ensalada.
Foto de flores de ricino. Sus frutos son extremadamente tóxicos.
Sólo queda descubrir la planta de la eterna salud.¡Cuanto daría yo por cultivarla y mimarla para poderla regalar al mundo entero!

sábado, 8 de marzo de 2008

"La naturaleza se muere como no hagamos algo"

Con estas palabras cerraba el discurso Aurelio Pérez, tras recibir el galardón "Pioneros 2007" de la Consejería de Medio Ambiente de Madrid. Quizás por el nombre no nos hagamos idea de quien es esta persona, pero si lo referimos al inseparable colaborador de Félix Rodríguez de la Fuente, seguro que lo recordaremos, en los múltiples programas de "El hombre y la Tierra", aquel cetrero que manejaba a las rapaces como nadie.
En la retina aun tenemos la imagen de un águila real llevandose a una cría de cabra montés en mitad de un risco. Como otras anécdotas, citar que él fue quien amaestró a la famosa "milana bonita" de Paco Rabal en la magnífica película de "Los santos inocentes".



En esta web podeis ver un resumen de su vida.


www.fida.es/02_portada/menu/video_aurelio_perez.htm


Aurelio Pérez ha escrito recientemente un libro autobiográfico, muy recomendable su lectura, llamado "El naturalista". Ya sólo el título deja clara la separación que éste hombre hace respecto de los ecologistas (que no es lo mismo ser naturalista que ecologista). Este soriano tan ligado a la naturaleza es un ejemplo de todo cuanto se puede aprender de ella, principalmente a respetarla y conocerla.

Desde niño trabajó como pastor trashumante y después gracias a los mil y un oficios que desempeñó y todos unidos al mundo natural. Una persona que ha tenido, desde mi punto de vista, la gran habilidad de ser un gran observador (fundamento primero de cualquier naturalista que se precie).

Aquí queda el agradecimiento a una persona, que como otras muchas no tan conocidas, nos han mantenido entusiasmados por conseguir un mayor conociemiento de la naturaleza. ¡Que pena que no haya programas como los de Félix Rodríguez de la Fuente y su amigo Aurelio, que marquen a las nuevas generaciones, tal y como lo hicieron cuando yo era un crio!

Antes el campo estaba más habitado y había una mayor dependencia de la supervivencia del hombre con respecto a la naturaleza. Hoy todo parece que viene del cielo, como el maná, a veces no nos percatamos de como se nos va deshilachando esa unión vital con nuestro entorno. Algo entonces se morirá cuando a las nuevas generaciones, no hayamos sido capaces de transmitirles ésta necesidad de observar, respetar y amar a la naturaleza, como parte inherente a la propia existencia del ser humano.